domingo, 11 de enero de 2009

DE COMPRAS Y DE MOTIVACIÓN

Después de bastantes días sin escribir, comienzo el año 2009 (el año de la crisis, no sé si existirá en el calendario chino) con una historia real que me sucedió ayer.

Este sábado fui a comprar un televisor de pantalla plana para sustituir al que tenía, que se me ha averiado (de los clásicos de tubo).

Previamente, la semana pasada había estado mirando equipos hasta que me decidí por uno de ellos, al ajustarse a lo que estaba buscando. Además, seleccioné dónde comprarlo, con un fuerte ahorro respecto del precio que había visto del mismo equipo en unos grandes almacenes muy conocidos.

Entré en el comercio y después de hacer un par de preguntas al dependiente que me atendió le pregunté si debía coger un carrito (el televisor es muy voluminoso). "Vale" me dijo no muy convencido.

Me dirijo a la entrada, introduzco una moneda de 1 euro, el carro no sale, "será de 50 céntimos" pienso, tampoco vale; levanto la vista y observo un cartel en el que se indica que hay que pedir la ficha al personal del centro. Me dirijo hacia donde pienso que las sirven, estaban atendiendo en esos momentos a una pareja.

- Por favor, puedes darme una ficha para el carro. - Como parecía que tardaba con los otros clientes, me decidí a pedir la ficha, suponiendo que el dar una ficha no era un tema complejo.
- Un momento, por favor. - Me dijo la chica del mostrador.

Pasaban los minutos, yo me movía un poco para hacer tiempo y buscar si había otro sitio donde me pudieran dar la ficha en cuestión. Observo que la pareja ha acabado y me dirijo al mostrador. La chica, delante de su pantalla, como que no me ve.

- Hola. - Digo, intentando abrir conversación - Quería una ficha para el carro.
- Aquí no damos fichas, es en información. - me enfado, pero no mucho, al fin y al cabo es sábado, voy a tener tele nueva, voy a ver el fútbol de impresión...
- ¿Por qué no me lo has dicho antes?-. Pregunto, ante lo cual, la chica coge el teléfono, avisa a su responsable, que llega poco después y me dice que la siga.

- ¿Os parece normal que lleve un cuarto de hora esperando por un carro?. Deberíais decir a vuestros jefes que no es muy razonable. - Intenté quitar hierro haciendo este comentario de buen talante: la persona a la que seguía ni se inmutó, no dijo nada, pero nada de nada.

Al final llegamos a la sección de información, abre un cajón, abre otro, nada, abre otro, parece que no hay fichas. Al final da con una de ellas.

- Gracias.
- Por favor, el carné de identidad. - Me dice.
- ¿El carné de identidad para un carro?. - Digo asombrado, sin enfado, con ligera sonrisa. Por supuesto, le doy el carné, cojo la ficha, recojo el carro y me dirijo por mi tele.

Después de un rato, llega el hombre que me había atendido inicialmente y me dice que me va a tomar los datos para la factura. Un compañero suyo aparece por allí y al ver que está retirando un televisor le pregunta:
- ¿traigo un carro?.
- no, ya lo ha traído el cliente. - Respondió. Por supuesto que lo había traído. Ahora se disponía a tomar los datos.
- Por favor, me dejas el carné de identidad. - Me pidió como quien pide una barra de pan en una panadería.

Ahora una pausa en el relato, más o menos igual a la que yo hice en ese momento, pensando en posibles cámaras ocultas.

- Mi carné de identidad lo tiene tu compañera en la entrada.- Dije sin ninguna acritud, "como rehén a cambio del carrito" podía haber añadido.
- Vale, no pasa nada, me lo dices y ya está. - Me pareció ver que esbozaba una sonrisa.
- Si quieres te doy el carné de conducir.
- Vale.- Se lo di.

Me quedé pensando con cierta preocupación: "todavía me quedan la VISA, la SOLRED, la de la Seguridad Social, la del VIP y alguna más... tengo algún margen para repartir y poder sacar la tele de la tienda"

Me dice que ya ha acabado, me da un número con el que tengo que ir a caja para que me cobren. Voy hacia allí, veo a la chica que me dio la ficha.

- Tu compañero me pidió el carné de identidad.
- Sí ya, lo tengo yo. - ya sé que lo tienes tú, pensé.- Deberías indicar a tus jefes que esto no es nada razonable.- Añadí.
- Yo recibo órdenes.
- Gracias, ahora vengo a recuperar mi carné. - Salí fuera, metí el televisor en el coche, regresé, recogí el carné y no dije nada más.

Y no hacía falta que dijera nada más puesto que de nada hubiera servido. Y esta historia tiene su moraleja.

Resulta triste comprobar la falta de motivación de la gente trabajando. Estoy seguro de que la chica cumplía órdenes y que nunca hablará a sus jefes de mi queja, porque eso supone una implicación y un interés que sospecho sus jefes no van a reconocer o porque la rotación de personal es tan grande que no vale la pena ir más allá de aceptar lo establecido (aunque esté mal) y hacer tu trabajo sin dar ningún tipo de explicaciones y casi sin mirar a la cara al cliente (hay que reconocer que el tratar con mucha gente no siempre es fácil).

Independientemente de que pueda entender la desmotivación, pienso que en los trabajos de cara al público se debe ser un poco más sociable y no limitarse a decir "son órdenes" sobre todo cuado el cliente intenta mostrarse comprensivo y amable.

1 comentario:

moluBlog dijo...

vaya tocho, pero como el quijote esta bien