domingo, 5 de febrero de 2017

Otra mujer (W. Allen, 1988). El rostro en la pared


Una vez más contamos con la voz de Carmen, que nos habla de una magnífica película de Woody Allen. La vimos ayer en la Filmoteca de Valencia.

Otra mujer. El rostro en la pared. Por Carmen.

Anoche en la Filmoteca se proyectó "Otra mujer", una de mis películas favoritas de Woody Allen.

Gena Rowlands borda el papel de profesora de filosofía de mediana edad en plena crisis existencial. De forma magistral, la película muestra a la profesora aislada, por voluntad propia, con el propósito de concentrarse para escribir un libro. Lo que comienza siendo un proyecto de libro acaba siendo el pretexto para descubrimiento de sí misma.

Desde el título, Allen juega al equívoco: pensamos que nos va a hablar de "otra mujer" pero en realidad nos habla de "la otra" que hay en ella.

De forma progresiva van cayendo las certezas en que vive instalada y comprende que ha de afrontar la realidad de su vida. "La otra" se le aparece súbitamente en el espejo, con la peculiaridad de que el espejo es una pared.  El brillante guión convierte la pared  de la vivienda en el espejo lúcido de su personalidad. En primer plano, su rostro, con la pared de fondo nos va contando quién es ella en realidad, al tiempo que está siendo interpelada por la voz -¿de otra?-.

Ella es la clase de persona que evita las conversaciones personales porque "no suelen traer nada bueno" y se desenvuelve con soltura en el mundo académico, atrincherada en el reino de "lo intelectual" para evitar el incordio de la realidad cotidiana, siempre dispuesta a poner en jaque las más firmes convicciones.

Como le pasaba a Rimbaud, Gena descubre que ella es otra. Y ese descubrimiento viene de la mano del reconocimiento activo de la existencia de los otros, a quienes por vez primera comienza a respetar como personas, bajando de su atalaya intelectual. 

Su vestuario, de aire masculino, sería una continuación del de Diane Keaton en Manhattan. Se hace una  lectura irónica de cierto feminismo que, lejos de liberar, esclaviza de otro modo.

Hace algún tiempo John Irving escribió un relato llamado  "The door in the floor" ("La puerta en el suelo") que formaba parte de su novela "Una mujer difícil". En este caso, la película bien podría llamarse "la ventana de la pared" pues consigue que en una pared vacía veamos el convulso paisaje del alma.

Allen convierte una pared en una ventana y la voz de otros en la propia voz, de forma que el resto de personajes funciona como un eco de sí misma. Y por último, transforma las palabras de una novela en el  duro diagnóstico de su alma enferma.

Un sentido homenaje a Ingmar Bergman que nos recuerda  a esa actriz de "Persona" que se ha quedado muda y que nos habla a través de otros. El rostro mudo de Rowlands es el lienzo donde los demás pintan su retrato.

lunes, 2 de enero de 2017

Paterson: el arte es largo

Una visión personal de la película Paterson, nueva colaboración de Carmen en este blog. Espero que os guste tanto como a mi.

No tenemos tiempo de pararnos a contemplar. El poeta vagabundo. (Aha) (foto Schnipidy, pixabay)

Paterson: el arte es largo, por Carmen 

Da mucha pereza inaugurar un nuevo año. Con ese aluvión de buenos deseos y frenesí de felicitaciones da un poco de vértigo asomarse. Todos queremos que traiga algo nuevo y, a la vez, esperamos retener lo bueno que hemos conseguido.

Entonces, al plantearme escribir sobre una pelicula para comenzar mi año virtual, elijo sin duda “Paterson” de Jim Jarmusch.

Paterson sucede en nuestros días, en New Jersey. Y a la vez muestra que otra vida es posible, aquí, en este mismo escenario.


Porque en este entorno hipertecnificado hay gente que vive a su modo, dando la espalda a esa “realidad” tecnológica que creemos insoslayable.


Paterson es un hombre sencillo que prescinde de smartphones y de ordenadores. Que pasa de Google, de Facebook y de Twitter.


Y digo yo: ¿Se puede ser más revolucionario?


Mientras el resto vivimos estabulados, frente a nuestra pantallita, él decide ir por la vida sin pantallas de por medio. Así, percibe la realidad de primera mano, recién llegada, sin intermediarios. Así, accede a la belleza de las cosas sin subrayados previos. Él decide lo que subraya, él es dueño de su vida, porque ha decidido poseer una vida pequeña, tamaño “persona”.

A menudo pienso que esta avalancha digital de datos e imágenes produce, sobre todo, bloqueo. Bloquea nuestra inteligencia y, lo que es más grave, nuestra sensibilidad.


Tratamos de ser dioses multicanal y sólo somos personas confusas, abrumadas por el bombardeo constante de datos (¿elegidos?) que, si bien uno a uno nos enriquecen, en masa nos entontecen y envilecen.

Dudo que el ruido y la furia de esta vida saturada propicie la poesía. Resulta por el contrario, muy prosaica e impide que accedamos a la pequeña belleza de las cosas.

Por eso Paterson es un gran filósofo que practica a la perfección el “mindfulness”, es decir, mientras conduce el autobús, sólo hace esto: conduce y está atento a la conducción y a los pasajeros, con sus preocupaciones diarias y chascarrillos.


En su tiempo libre pasea a su perro y toma una cerveza en un bar. Y hace exclusivamente eso. No se hace selfies, no mira el estado de sus contactos, no mira compulsivamente una pantalla de tamaño variable. Se ríe del “demonio de neón”. Es una buena lección de filosofía que no nos enseña nada que no sepamos o que no deberíamos saber a estas alturas. Por eso este año me propongo ser un poco Paterson. Ya os contaré...

Cuando pierde sus cuadernos de poesía, largamente custodiados, verdaderos tesoros de su intimidad, se sobrepone a la tristeza sin aspavientos. Y continúa haciendo lo que mejor sabe: vivir. Que la poesía ya irá llegando... Como dicen aquellos versos de Machado:

Sabe esperar, aguarda que la marea fluya
-así en la costa un barco- sin que el partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.
Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además, no importa.

domingo, 1 de enero de 2017

Acabó 2016, bienvenido 2017

Feliz 2017 desde treferblog

Pues sí, se ha acabado el año 2016. Aunque no deja de ser un acabado arbitrario, siempre está bien pensar en que algo nuevo empieza. 

El tiempo deja de ser un continuo para saltar a algo mejor. Un salto discreto, digital. Como el mundo hacia el cual nos dirigimos.

2016 ha sido un año bastante complicado. Ya 2015 se despidió de mala manera, o sea que los buenos deseos no se cumplieron para 2016. Hablo en este caso de mi mismo en lo que toca a aspectos profesionales.

Parece haber consenso en que el año 2016 ha sido un desastre. Algunos justifican tontamente esta afirmación por el fallecimiento de personajes conocidos. Otras personas mueren sin ser famosas y nadie es consciente de los logros que de forma anónima consiguen. 

Hace poco vi "Ace in the hole": las malas noticias venden mucho más que las buenas. Aunque para saber esto no hace falta ver películas, esta en concreto hay que verla. Prepararé una reseña si encuentro el tiempo y el espíritu para ello. A lo mejor el año 2016 no ha sido tan malo.

Por fortuna hay quien, harto de malas noticias, ha hecho su lista de cosas buenas que han pasado en 2016. Y ha habido, también en mi caso, cosas buenas. Es ese tipo de cosas las que hay que recordar para tomar carrerilla y lanzarse al año 2017. Con nuevos e interesantes proyectos.

Desde agosto no escribo por aquí. Tengo cierto cariño a este blog que abrí allá por el 2008. Es curioso, porque el mayor problema que sueles tener con tu blog es encontrar historias que contar. O algo de lo que hablar. Este año podría haber llenado el blog. Sobre todo, de temas relacionados con la cultura. También de temas personales, si escribiera de ellos, cosa que no suelo hacer.

El haber participado activamente en un club de lectura me ha hecho recuperar el gusto por la literatura con mayúsculas.

Hemos conocido a algunos miembros del equipo de la revista Canibaal, en la vanguardia de la cultura de Valencia. Para alguien "de ciencias" es una experiencia muy enriquecedora. Sobre todo, cuando puedes asistir a ponencias como la que realizó Carmen, que colabora con este blog, hablando del poeta Gil de Biedma. Poesía directa, asequible y de gran calidad.

Ha sido un año muy cinematográfico, con películas muy buenas y otras no tanto. Entre las primeras, "La llegada", "Demolition" o "Corazón gigante". De las segundas no hace falta hablar, que el año ya ha sido, según algunos, muy malo.

También hemos visto cine del bueno patrocinado por el vídeoclub Stromboli. Hace ya un tiempo que conocemos al propietario. Un negocio complicado que sigue adelante por su entusiasmo y dedicación personal.

De los aspectos profesionales de este año ya he hablado un poco en mi página web Proyectos y certificaciones, que este año he comenzado a desarrollar en serio.

El mundo de la energía y la eficiencia energética es fascinante, hay mucho por hacer, pero es preciso contar con ventajas competitivas y productos novedosos en un mercado muy saturado, para lograr salir adelante.

En el comienzo de año estoy estudiando las distintas opciones que presenta la formación en STEM y la robótica para el aprendizaje. Ya he incluido algo en el blog que he citado antes, pero estoy preparando más trabajos en un nuevo blog que no tardará en salir a la luz.

En definitiva, grandes y apasionantes retos personales y profesionales sobre los que podría escribir páginas pero probablemente aburriera (todavía más) a aquel que pare en mi página para curiosear.

Lo dicho, Feliz 2017.

sábado, 27 de agosto de 2016

Cómo Separar pistas de audio y sonido con Windows Movie-Maker (VÍDEO)

separar pistas de audio y vídeo con windows movie maker
Separar audio y vídeo con Windows Movie Maker


Hace unos días estaba preparando un vídeo y me encontré con el siguiente problema.

Por una parte, tengo una cámara que graba relativamente bien pero con deficiente calidad de sonido.

Por otra parte, tengo una webcam que no tiene buena calidad de imagen pero que filtra por software el sonido, haciendo que este tenga una calidad aceptable. 

Es decir, tengo:

1 Un vídeo del que solo me interesa su imagen
2 Un vídeo del que solo me interesa su sonido

Necesito separar vídeo y sonido en ambos casos y después unir el vídeo de mayor calidad con el sonido de mayor calidad. En el siguiente vídeo muestro cómo se hace.



sábado, 23 de julio de 2016

El hombre anestesiado: la identidad líquida

Carmen nos habla acerca de "Demolition" (Marc Vallée, 2015). Coincidimos en que es una excelente película.

Demolition
El hombre anestesiado: la identidad líquida (kira, pixabay)
  
El hombre anestesiado: la identidad líquida. Por Carmen.

El mundo liquido de las identidades líquidas, el mundo en el que terminar rápidamente, pasar a otra cosa, y comenzar de nuevo es el nombre del juego."
Zygmunt Bauman, de su libro Identidad

"De pronto, todo se está convirtiendo en una metáfora" dice Davis, el protagonista de "Demolition", poco después de perder a su mujer en un accidente.

Y en efecto, la película misma es una gran metáfora que iremos descubriendo a la par que lo hace Davis.

Al principio del film, alguien le pregunta: "¿La echas de menos?". Él responde: "Estoy intentando hacerlo".

Poco después, en el funeral, ensaya sin éxito cómo llorar frente a un espejo. Siente esa demanda social. Hay que llorar porque acaba de perder a su mujer. No es que él no lo sienta. El caso (lo peor del caso) es que él no sabe si lo siente porque hace tiempo que dejó de sentir.

Tras una charla con su jefe-suegro se dice: "No más zanjas imaginarias". Decide salir de esa cápsula laboral, de esa mala metáfora que son algunos trabajos, de esa entidad financiera donde todo brilla, donde no hay nada material, que pueda tocarse; "sólo números que un ordenador procesa" y empieza a trabajar con sus manos, con cosas materiales, para recuperar la realidad perdida. Decide volver al origen, decide destruir el núcleo de aislamiento, las comodidades que le separan de la vida, su zona de confort.

Por eso emprende la búsqueda de lo que quede de él, si es que algo queda tras aniquilar todos los objetos que le han propiciado una existencia anestesiada.

Y uno se pregunta si Davis está intentando cambiar de identidad o más bien tratando de averiguar si la tuvo alguna vez. Probablemente estaba tan aturdido por una existencia en exceso confortable, en exceso fácil, como para quedarse a solas consigo mismo y preguntarse por ello.

Con ecos de "Her" (Spike Jonze), logra inicialmente confesarle a una máquina de vending (y a la cálida voz de su representante) su desconcierto.

-¿Tiene alguien con quien hablar?"- le preguntan al otro lado del teléfono.

Él mira su reflejo en un electrodoméstico de la cocina y parece preguntarse si conoce al extraño que tiene delante.

Es posible ver ecos de "Fahrenheit 451" en esta realidad irreal, en este mundo de sentimientos predeterminados por la sociedad, que condicionan al individuo y a menudo le impiden reconocer sus propios sentimientos, que pueden ser muy distintos de los "socialmente deseables", provocándole una mezcla de culpa y angustia.

El modo en que Jake (Davis) trata de apartar la telaraña que le separa de sí mismo y por tanto también de los demás compone el retrato del hombre anestesiado por el exceso de confort, que de pronto recibe una sacudida y comprende que no se reconoce a sí mismo.

La película plasma con eficacia esa modernidad líquida de la que habla Bauman y las identidades frágiles que la habitan. La anestesia en la que nos sumerge el confort que dan el dinero y las tecnologías.

"La bohème" de Aznavour acompaña el movimiento del carrusel restaurado por una buena causa. Otra metáfora. Es lo único material que reconstruye este Gyllenhall (Davis), que se pasa casi dos horas destruyendo muros, electrodomésticos (con especial saña), mobiliario, cristales, pisos enteros, empezando por el suyo.

Era preciso recuperar lo sueños para empezar a ser alguien. Era preciso reconciliarse con la nostalgia para volver a vivir.

"Os hablo de un tiempo que los menores de 20 años no pueden conocer... La bohemia: éramos jóvenes, estábamos locos. Con el estómago vacío, no dejábamos de creer.. Y todos teníamos talento...Hacía falta amarse y amar la vida. Vivíamos del aire del tiempo....del que ya no queda nada." ("La bohème" Aznavour)


martes, 12 de julio de 2016

Cuidado con hacer demasiado caso a la tele

 
Las peligrosas variaciones de los mercados o las personas (Skeeze, pixabay)

Título: Money Monster
Año: 2016
Temática: Drama
Trama: Mientras un conocido presentador y showman de un programa de noticias económicas (George Clooney) se encuentra dando las previsiones bursátiles, alguien no previsto entra en el plató con intenciones desconocidas... 
Director: Jodie Foster
Intérpretes  George Clooney, Julia Roberts, Jack O'Connell

Puntuación
- Temática: 8
- Guión: 8
- Desarrollo:8
- Interés:8
- Intérpretes:8
- Nota: 8/10 (Muy entretenida, con contenido, recomendable)

Breve reseña 

Vivimos en un mundo en apariencia manejado por los mercados financieros, a los que somos ajenos.

Sin embargo, el hecho de no conocer un determinado aspecto de la tecnología o de las finanzas no quiere decir que sea intrínsecamente difícil.

El problema está en la información que tenemos y en quienes nos apoyamos. Si te asesora un profesional en la compra de determinado producto financiero ¿es responsable el asesor de que puedas perder tu dinero? No, salvo que te esté engañando de forma consciente para obtener un beneficio. Pensemos en lo que pasó con las preferentes de Bankia.

Imaginemos que alguien dice por televisión que hay que comprar las acciones de una empresa, que es una apuesta segura. Te gastas tu dinero (preferiblemente) y de repente, unas acciones que costaban 100 pasan a valer 5. ¿Quién es el responsable?

Los profesionales que se dedican al mundo financiero tienen toda la información de los mercados. Como cualquiera de nosotros, en un mercado perfecto y transparente. Sin embargo, los mercados no son perfectos ni transparentes y aunque lo fueran, un profesional de las finanzas gestionará mucho mejor la información disponible. Ley de vida. En cualquier profesión pasa lo mismo.

Es decir, si no conoces bien el mundo de la bolsa, no te metas, o hazlo cubriendo bien los riesgos (por lo menos saber que existe eso que se llama stop loss, para limitar las pérdidas cuando te aventuras en la bolsa).

Cada uno sabemos un poco de nuestra parcela profesional. Y cuando contratas a un profesional para que te haga un trabajo, exiges que lo haga bien. 

Cuando ves en la televisión, escuchas en la radio o lees en un periódico una recomendación de compra de acciones, ¿qué responsabilidad tiene el que informa o habla o escribe de que pierdas tu dinero por haber escrito lo contrario de lo que ha sucedido?

Poca o ninguna. 

Nadie te está asesorando. Debes saber que todo el mundo puede tener motivaciones ocultas cuando habla para favorecer una empresa u otra, por ejemplo, o como los críticos de cine que en general no suelen hablar mal de las películas que se acaban de estrenar.

Money Monster habla de las dos caras de la moneda (el que informa y el informado) en forma de thriller y plantea una interesante cuestión. Las bolsas y las órdenes de compra-venta están automatizadas por sistemas informáticos. Todos conocemos la revolución que ha supuesto la informática en todos los ámbitos de la cultura, por supuesto también en las bolsas.

Es posible, ha sucedido más de una vez, que los sistemas informáticos caigan, pero ¿puede un proceso matemático (algoritmo) provocar por sí mismo pérdidas millonarias? 

Mucha gente sospecha que bajo la complejidad de los sistemas bursátiles, igual que la de los mercados energéticos (por poner otro ejemplo, por deformación profesional), se encuentra un intento deliberado de limitar la transparencia en favor de los grandes grupos de poder. Y que la inteligencia del hombre está todavía por encima de la tecnología informática. Un algoritmo no puede pensar (de momento).

En la película aparecen algunos actores clásicos de la economía: la gran corporación y la codicia de sus dirigentes, el sensacionalismo de los medios de comunicación, representado por la impecable actuación de George Clooney, que cuenta un poco lo que quiere (en función de la información que tiene, buena o mala) y finalmente el personaje que se pasa las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio para aprender de bolsa y dar su particular pelotazo. Pero le sale mal, echa la culpa a todo el mundo y destapa el desamparo de la gente que pierde cantidades que dan risa y el cinismo de los que hacen acopio de los muchos pocos perdidos (por los otros).

Si comprar un piso era la mejor inversión posible desde que tengo memoria y ha resultado ruinoso en muchos casos, mejor ir con pies de plomo en un mundo que desconocemos.

Una narración muy bien realizada, con intriga, cierta tensión, y un final previsible pero interesante, con una escena final que refleja lo que va a pasar después... Pero eso deberéis verlo en la película.